Síndrome urológico en los gatos

El síndrome urológico felino (FUS) es una enfermedad del sistema urinario de los gatos, caracterizada por la dificultad para orinar.

El lugar principal de afectación es el tracto urinario inferior, la uretra. Es el canal por el que la orina pasa de la vejiga al exterior para su excreción.

Síndrome urológico felino: una urgencia veterinaria

La uretra puede estar parcial o totalmente obstruida por cristales o cálculos (litiasis urinaria), así como por un tapón uretral: un tapón formado por matriz orgánica y minerales. La infección bacteriana y la inflamación también pueden ser la causa del síndrome urológico felino. Este es el caso cuando hay cistitis. También es posible que la enfermedad del gato esté causada por un tumor, aunque esto es más raro.

Sea cual sea la naturaleza del síndrome urológico felino, siempre es una urgencia veterinaria. En efecto, cuando un gato no puede orinar con normalidad, deja de evacuar el potasio, que tiende a acumularse en la sangre. En un plazo de 24 a 48 horas, este trastorno denominado hiperpotasemia puede provocar una parada cardiorrespiratoria mortal para el gato. La urea, que normalmente se excreta en la orina y luego se acumula en el cuerpo, también es tóxica para el animal.

De ahí la necesidad de llevar a su gato al veterinario al primer signo de dificultades urinarias.

Síntomas observados en el gato afectado

Los trastornos urinarios asociados al SUF pueden ser de diferentes tipos. Los síntomas son igualmente variados.

Algunos gatos afectados sienten y expresan dolor al orinar. Esto se llama estranguria. En otros, puede observarse sangre en la orina (hematuria).

Cuando el gato orina con frecuencia, se habla de polaquiuria. Si el animal sólo emite una cantidad muy pequeña de orina, se denomina disuria. A veces el propietario sólo notará la periuria: el animal orinará junto a su caja de arena.

En los casos más graves del síndrome urinario urológico felino, los caracterizados por la obstrucción de la uretra, el gato sufre un bloqueo urinario y la micción se hace imposible. Este fenómeno es más frecuente en los varones debido a la estrechez de la uretra y a la facilidad con que pueden quedar atrapados los cristales y los tapones uretrales.

Para distinguir entre la enfermedad obstructiva y la no obstructiva, debe palparse la vejiga: si la uretra está totalmente obstruida, puede palparse una vejiga grande y dura en el abdomen.

Al mismo tiempo, pueden aparecer otros síntomas como anorexia, vómitos y un estado de abatimiento.

¿Cómo se trata el síndrome urológico felino?

Para hacer un diagnóstico, el veterinario buscará signos de infección, cristales y tumores a través de varios exámenes: análisis de orina, radiografía, ecografía. El análisis de orina proporcionará información sobre la presencia de sangre y el pH. Las pruebas de imagen proporcionarán al clínico información sobre el tamaño y la estructura de la vejiga y la presencia o ausencia de cristales.

El tratamiento se elige entonces en función del trastorno que lo provoca. Si es una infección bacteriana la que ha provocado la inflamación y la dificultad para orinar, el especialista le prescribirá una terapia antibiótica y posiblemente un antibiograma para adaptar los antibióticos prescritos. También puede recomendarse un tratamiento para aliviar el dolor, así como medicación para reducir los problemas digestivos que impiden al gato comer (por ejemplo, vómitos).

También deben realizarse ajustes dietéticos para normalizar el pH urinario, en particular para favorecer la micción. Los gatos propensos a este tipo de afecciones tienden a repetirse, por lo que es necesario seguir una dieta veterinaria de calidad. En efecto, ciertos tipos de croquetas denominadas «urinarias» permiten una buena disolución de los cristales responsables de la obstrucción del tracto urinario inferior.

En los gatos con una uretra obstruida, se hace necesaria una operación de urgencia bajo anestesia. Esto implica la colocación de un catéter en el tracto urinario inferior tanto para devolver los cálculos a la vejiga como para limpiarla. El gato deberá permanecer en el hospital durante al menos 48 horas, durante las cuales se mantendrá la sonda en su sitio (para asegurar que la orina se drena correctamente y que la hematuria cesa). El gato también recibirá un goteo para «limpiar» el cuerpo de las toxinas acumuladas durante la obstrucción. En algunos casos, es necesario intervenir quirúrgicamente para eliminar los cálculos mediante una cistotomía: abrir la vejiga.

Incluso después de estos tratamientos, el riesgo de recaída sigue siendo bastante elevado. Por lo tanto, hay que vigilar al gato con asiduidad (análisis de orina dos veces al año) y tomar diversas medidas preventivas: modificar la dieta (paté de orina en lugar de croquetas de baja calidad), animar al animal a beber con frecuencia, etc.

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