¿Por qué parlotea mi perro?

¿Se ha convertido el dolor de espalda en la enfermedad del siglo? Tanto si su perro está en la cima de su carrera, en la cúspide de su edad, como si acaba de cumplir años, puede ser igual de propenso a sufrir problemas de hernias discales, una enfermedad que afecta con mayor facilidad a determinadas razas de perros. ¿Cómo reconocerlo, tratarlo rápidamente o evitarlo? Estas son las preguntas que se pueden hacer para preservar la salud y el bienestar de su perro a medida que envejece.

La hernia discal puede tener diferentes localizaciones

La columna vertebral de un perro está articulada para facilitar el movimiento del cuerpo y proteger la médula espinal, el principal conducto de todos los impulsos nerviosos. Cada vértebra se articula con la otra mediante un disco intervertebral, compuesto por un anillo fibroso y un núcleo más rígido. Una hernia discal puede producirse en cualquier parte de la columna vertebral, desde las vértebras cervicales hasta las lumbares, aunque algunas localizaciones son más comunes en los perros. Es el reflejo de un desplazamiento del disco intervertebral, tras un traumatismo o una malformación, que provoca la compresión de la médula espinal.

Cómo detectar los primeros signos de una hernia discal

Existen varios estadios de expresión clínica que varían según el grado de compresión medular y las lesiones asociadas.

El dolor suele ser el primer signo de alerta en el perro, con gemidos, con una zona sensible que no tolera las caricias, generando a veces agresividad, una posición de espalda doblada, dificultades para levantarse o acostarse.

Otros signos importantes que hay que tener en cuenta muy rápidamente, de aparición repentina o a veces progresiva:

  • un perro con una marcha oscilante de los cuartos traseros o dificultades más difíciles de percibir en los miembros anteriores.
  • problemas de equilibrio
  • renuencia a desplazarse, subir o bajar escalones y signos tempranos de parálisis
  • dificultades locomotoras a veces asociadas a la incontinencia urinaria o fecal y a la pérdida de sensibilidad cutánea superficial o profunda.

En cuanto aparezcan los primeros signos como el dolor y las dificultades motrices, es el momento de consultar a su veterinario, ya que la parálisis de las extremidades traseras y la pérdida de sensibilidad ya no son reversibles incluso después de la cirugía, la médula espinal está definitivamente dañada.

La hernia discal afecta a algunas razas más que a otras

Existe una predisposición racial para esta condición, la hernia discal tipo Hansen I afecta más fácilmente a las siguientes razas, como los Dachshunds, Beagles, Bulldogs Franceses, Lhasa Apso o Shih-Tzu, Jack Russells, Bichon Frise y Maltés, alrededor de los 3 o 4 años de edad. Las razas grandes de perros también están predispuestas, como los pastores alemanes, los labradores, los rottweilers o los dobermann, para los que la hernia de tipo II aparece un poco más tarde, alrededor de los 6-7 años.

Existe otro tipo de hernia discal III también llamada hernia explosiva que se produce tras un traumatismo, un accidente, un golpe, un mal aterrizaje tras un salto, una caída o un descenso incontrolado desde el sofá… Afecta a todas las razas y a todas las edades. En algunos casos, las fracturas, las embolias o los tumores pueden ser una de las causas de las hernias discales en los perros.

Las razas pequeñas, como los Yorkshires o los Caniches, son sensibles por naturaleza y pueden presentar una inestabilidad de las vértebras cervicales que se asemeja mucho a las hernias discales, una deformación que provoca lesiones medulares similares con ataques violentos de dolor de cuello.

Un examen neurológico completo es esencial

Cuando el examen neurológico se realiza precozmente, como en las primeras 48 horas, el pronóstico puede ser prometedor; no obstante, seguirá siendo reservado si la médula espinal está definitivamente dañada. Su veterinario comprobará los reflejos, los niveles de dolor y la sensibilidad restante. Para determinar la zona afectada y el estadio de la hernia, realizará exámenes adicionales bajo anestesia general en la mayoría de los casos, radiografías, mielografía, escáner o resonancia magnética en función del nivel de gravedad y del equipamiento de la clínica.

¿Es posible el tratamiento y la recuperación?

El reposo y los analgésicos pueden controlar los primeros signos de dolor y a veces son suficientes sin necesidad de pasar por el quirófano. La técnica quirúrgica eliminará las molestias causadas por la compresión en una o más vértebras. La recuperación puede ser progresiva, pero incierta, dependiendo del nivel de daño en la médula espinal, el nivel de parálisis suele ser un indicador. La rehabilitación funcional con técnicas suaves, como el láser para reducir el dolor o la fisioterapia, puede utilizarse para estimular y ayudar al perro a recuperar ciertas habilidades, moverse rápidamente y evitar la pérdida de masa muscular.

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