La llegada de un bebé y el gato

¿Cómo se prepara la llegada de un bebé cuando se tiene un gato? He aquí algunos consejos que le ayudarán a conseguirlo.

¿Eres un afortunado dueño de un gato que espera un nuevo bebé? La llegada de un bebé y la presencia de un felino no son obviamente incompatibles, sino todo lo contrario. Simplemente es aconsejable tomar precauciones y preparar el encuentro para evitar riesgos y asegurar la buena convivencia entre ambos seres. Tienen todas las posibilidades de tener una buena amistad.

Bebé y gato: riesgos a tener en cuenta

La llegada de un bebé a la familia es una gran noticia, incluso para uno de sus miembros, el gato. El gato aún no lo sabe, pero tendrá un nuevo compañero de juegos y, al mismo tiempo, una persona más a la que querer.

Sin embargo, es importante ser consciente de que la presencia de un gato en un hogar con un bebé no está exenta de peligro. Es importante ser consciente de los riesgos para que todo transcurra con normalidad.

Los gatos son conocidos por su fuerte instinto territorial, así como por su gran sensibilidad a todo lo que hay en su entorno, incluidas las actitudes, emociones y estados de ánimo de sus dueños.

Además, aunque uno conozca perfectamente a su gato, nunca podrá predecir su reacción ante una situación novedosa como la llegada de un recién nacido. El propio animal no estará a salvo de un gesto repentino del niño cuando crezca, se mueva más y quiera satisfacer su curiosidad.

Tampoco hay que olvidar las cuestiones de higiene: la saliva y las heces de los gatos son vectores de bacterias.

Los beneficios de tener un gato con un bebé recién nacido

También hay muchas ventajas de tener un gato con un bebé. El gato puede proporcionar al niño mucho amor, pero no sólo eso; también puede enseñarle conceptos como la responsabilidad, el respeto por los seres vivos y la empatía.

Además, en términos de salud, y en contra de la creencia popular, los gatos pueden reforzar la inmunidad de los niños y ayudar al organismo a desarrollar defensas contra las alergias.

Durante el embarazo

Todo sucede en las semanas y meses anteriores al nacimiento del bebé. El objetivo es garantizar que el gato sólo se enfrente a cambios pequeños y graduales. La sensibilidad y la inteligencia del gato hacen que ya entienda que algo nuevo está ocurriendo en casa.

Por lo tanto, no es aconsejable cambiar los hábitos y la orientación del gato moviendo, por ejemplo, el comedero, la cesta o el árbol para gatos. Por otro lado, es aconsejable asociar los preparativos para la llegada del recién nacido con algo positivo.

Por ejemplo, se pueden liberar feromonas tranquilizadoras y dejar que el feto explore la habitación, en lugar de prohibirle la entrada. Sólo hay que asegurarse de que se mantiene la higiene de la habitación. La cama del bebé, en cambio, debería estar fuera de los límites.

La futura madre también debe evitar limpiar la caja de arena del gato, ya que sus heces pueden ser portadoras de toxoplasmosis, una amenaza real para el feto. Es mejor dejar esto a otra persona.

Después del parto

Las opiniones difieren sobre esta práctica, ya que algunos la consideran poco atractiva, pero no hay nada malo en probarla de cualquier manera. Consiste en ofrecer al gato ropa con el olor del bebé para que se acostumbre a esta nueva firma olfativa y lo reciba con más serenidad cuando el niño llegue a casa.

Mientras la nueva madre está en la sala de maternidad, un amigo o familiar cercano cogerá la ropa y se la entregará al felino.

La llegada del bebé a casa

El primer contacto entre el bebé y el gato es un momento teñido de una mezcla de felicidad y aprensión. Este es el momento en el que se centra gran parte de la preparación.

Lee también: 5 beneficios científicos de tener un gato

El principal consejo es acompañar las cosas sin forzarlas. En concreto, esto significa dejar que el gato vea al bebé y lo huela, pero sin obligarle a venir a conocerlo. Si prefiere mantenerse a distancia, hay que respetar su elección. Su curiosidad natural le llevará tarde o temprano a acercarse al recién nacido.

Por supuesto, el gato nunca debe dejarse sin vigilancia en presencia del bebé, por razones obvias de seguridad e higiene. Además, el animal no debe jugar con los juguetes del bebé.

También se aconseja a la madre, al padre y a otros miembros de la familia que se laven bien las manos después de tocar o ser lamidos por el gato y antes de manipular al niño.

Más adelante, cuando el bebé crezca, hay que enseñarle a respetar, a no molestar y a querer al gato.

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