Jugar con perros

El juego es por naturaleza un carácter juvenil que se desvanece en la edad adulta para dar paso a los llamados comportamientos de necesidad. Con la domesticación del perro, que garantiza la alimentación y el cobijo, el juego, que se desarrolla a partir de las 3 semanas de vida, ha continuado hasta la edad adulta; entonces adquiere un significado completamente diferente. En el cachorro, el juego facilita sobre todo su desarrollo sensomotor, su aprendizaje y le permite ajustar sus capacidades en función del entorno.

Con la edad, se definen tres formas diferentes de juego: el juego social en interacción con otros compañeros caninos, que también contribuye a la socialización del perro, el juego solitario que imita el comportamiento depredador y el juego interespecífico para un intercambio relacional y emocional con usted. Cada perro tiene sus propias preferencias y su propio juego. Pero, ¿sabe cómo cultivar el arte de jugar con su perro?

Jugar con un cachorro es también educarlo

Es con sus hermanos que el cachorro aprende ciertas reglas sociales a través del juego. De este modo, es posible que adquiera el control sobre sus mordiscos y pellizcos. La madre, a través de su supervisión, regula los excesos dentro de los hermanos y los excesos de la excitación del cachorro. La técnica de la reciprocidad en el juego, un movimiento de gato, un movimiento de ratón, permite también integrar las señales de comunicación propias de la especie canina y comprender sus efectos y consecuencias en los demás.

Usted puede hacer lo mismo, complementando y sucediendo el papel inicial desempeñado por la madre del cachorro durante el primer año, canalizando los arrebatos del cachorro a través del juego y mostrándole con amabilidad los límites que no debe sobrepasar. Ignorar un «mal» comportamiento (masticar, excitación excesiva, ladrar…) y premiar el que favoreces reiniciando una secuencia de juego, desviando así su atención y dejando de realizar la tarea que te parecía inútil «en sociedad», es una técnica de educación a través del juego que te evitará un giro de fuerza o una actitud demasiado represiva sobre tu cachorro.

Así, para entrenar bien a su cachorro, puede pasar del juego social al juego interespecífico o interactivo con una pelota de goma indestructible, una cuerda anudada, etc., o facilitando las payasadas, los revolcones y los saltos que harán que el cachorro se despierte sin que esta energía extra se dirija directamente a usted.

Cada perro tiene sus propias preferencias

El juego es un excelente indicador de la calidad de su relación con su perro. Sin embargo, hay que entender las motivaciones de su perro en relación con su temperamento y comprobar sus preferencias, ya que no todos los juguetes o formas de juego tendrán el mismo valor para él.

Los juegos de arrastre son bastante comunes. El perro aprende de ti a soltarlo después de varios intentos cuando quieres que el juego se detenga, sin que necesariamente tengas que ir a quitarle el juguete directamente. Si luego le das una orden y premias cada vez que la cumpla reiniciando el juego, pasarás de un juego de secuencia depredadora a un juego interactivo contigo e incluso con otros perros que quieran jugar también.

Los juguetes para masticar que se pueden disfrutar solos pueden ser de interés para el perro siempre que la ocupación y el disfrute que le proporcionen no se conviertan en un riesgo de ingestión o intoxicación. En este caso, es aconsejable utilizar materiales resistentes, como la goma fuerte, u ofrecer juguetes «escondidos» con golosinas adecuadas, que despertarán la curiosidad natural del perro y activarán todos sus sentidos.

Deben evitarse los juguetes chirriantes; es más probable que exciten al perro que lo entretengan y serán rápidamente abandonados por la falta de interés en este tipo de ruido o porque el silbato que contienen se habrá destruido si no fue ingerido antes accidentalmente.

Los juegos de recuperación con una pelota, un frisbee® o un palo combinan el esfuerzo físico con las habilidades de búsqueda y son ideales para ciertas razas de perros y temperamentos, aquellos a los que les gusta un agarre constante en la boca durante los paseos. Esta forma de juego también facilita la interacción y el aprendizaje de ciertas reglas entre usted y su perro, una forma de complicidad que será de ambos.

¿Dejará el perro de jugar alguna vez?

Que el perro también crezca en el juego con otros perros en cada encuentro. El perro aprende rápidamente las técnicas de juego de sus compañeros, y se conformará con los que estén jugando a sus anchas y evitará a los que no le presten atención. En las díadas suelen formarse complicidades, incluso con mayor facilidad entre machos y hembras o entre perros jóvenes que han desarrollado su relación basada en el juego desde sus primeros intercambios. Algunos perros ajustarán su técnica según el tamaño del otro perro, aprendiendo, favoreciendo el rodar por el suelo, el voltear por las patas, las carreras locas con 2 o a veces 3 perros.

No olvidemos que un perro no juega sistemáticamente con todos los demás, con todas las personas, de la misma manera o a petición. Hay que tener en cuenta su estado de ánimo y sus preferencias amistosas en el día a día.

Si el perro no juega o juega poco, ¿debemos preocuparnos? Probablemente no, si el perro, en perfecto estado de salud, prefiere explorar su mundo de otras maneras, olfateando, cazando o haciendo guardia. Su interés por el juego ha disminuido con la madurez, dando paso a actividades funcionales que ciertamente le convienen más. Siempre puedes utilizar el juego para desviar su atención de una actividad contraproducente (destrucción, ladridos, huidas, aburrimiento), para reforzar el vínculo que tienes con él y para ofrecerle volver a ser un joven por unos momentos… por puro placer.

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