Displasia de cadera en perros

La displasia de cadera en perros es uno de los defectos redhibitorios por los que el comprador de un animal puede exigir el reembolso. Esto significa que este trastorno articular es muy perjudicial para el cuadrúpedo.

La displasia de cadera es una enfermedad que se da principalmente en perros de tamaño medio o muy grande y puede ser especialmente molesta y dolorosa para los animales afectados. Sin embargo, es posible tratarla médica o quirúrgicamente y así aliviar a estos perros.

La articulación de la cadera o coxofemoral está formada por la cabeza del fémur y su inserción en la fosa acetabular del hueso pélvico. Esta articulación se mantiene unida por diferentes mecanismos: por un ligamento que conecta la cabeza con el fondo de la fosa acetabular, por una cápsula articular fibrosa y por una gran masa muscular.

Displasia de cadera: ¿qué es y cómo afecta a la vida del perro?

La displasia de cadera en los perros se caracteriza por una retención insuficiente o anormal de la cabeza del fémur en la cavidad del hueso pélvico donde se supone que debe alojarse.

En este caso, el ligamento que normalmente debe sostener el fémur y la cavidad, llamada fosa glenoidea o acetabular, junto con las fibras que conforman la cápsula articular, se aflojan. Este fenómeno da lugar a una flexibilidad exagerada (hiperlaxitud) y a la inestabilidad de la articulación de la cadera. Esto se conoce como incongruencia conjunta.

La inestabilidad de la articulación de la cadera causará lesiones secundarias durante la marcha del animal, ya que los movimientos anormales de la articulación provocarán un desgaste y una deformación anormal de los huesos.

Para el perro afectado por esta enfermedad articular, los efectos cotidianos pueden ser desastrosos. La displasia de cadera provoca fuertes dolores. Además, provoca artrosis y dificulta el movimiento del animal. Incluso puede tener dificultades para mantenerse en pie.

La displasia de cadera en perros afecta, por tanto, tanto a la calidad de vida como a la movilidad del cuadrúpedo.

Orígenes hereditarios, pero no sólo

Los principales orígenes de la displasia de cadera en los perros son hereditarios (40% de los casos). En general, las razas de perros grandes, gigantes y medianas son las más afectadas por este trastorno articular hereditario. Los casos más frecuentes se dan en razas de perros como el San Bernardo, el Terranova, el Rottweiler, el Boyero de Berna, el Gran Danés, el Pastor de Anatolia, el Pastor Alemán, el Labrador Retriever o el Golden Retriever, el Cane Corso, el Cocker Spaniel o incluso el Spaniel. La displasia de cadera es difícil de eliminar en las líneas afectadas porque tiene varios genes como origen y los padres sanos pueden dar a luz cachorros con displasia…

Sin embargo, el carácter hereditario de esta condición no es el único culpable. Los otros orígenes de la displasia son aún poco conocidos y se refieren a anomalías en la conformación de la articulación (hiperlaxitud capsular, anomalías en el colágeno de la articulación, exceso de líquido sinovial…)

Existen, sin embargo, factores agravantes como el exceso de ejercicio impuesto al cachorro, los traumatismos tras caídas o golpes, el sobrepeso, así como una alimentación compuesta por excesos o carencias. Por ello, no es aconsejable hacer subir escaleras a un cachorro con frecuencia (hasta el año de edad), ni darle una ración de comida demasiado energética (que predispondrá al sobrepeso juvenil) o demasiado rica en calcio (que perturbará el metabolismo óseo).

Síntomas y diagnóstico

Los signos más comunes que hacen sospechar de una displasia de cadera en los perros son una marcha y una carrera anormales («carrera de conejo», cojera), rigidez, músculos glúteos poco desarrollados, huesos sobresalientes en las caderas y dificultad para ponerse de pie sobre las patas

Para establecer el diagnóstico, el veterinario utiliza una radiografía y examina la movilidad y las características ortopédicas del perro. Diversas manipulaciones de la articulación que permitan volver a colocar la cabeza del fémur en su sitio serán realizadas por el veterinario (test de Ortolani, test de Barden), si estas pruebas son positivas, se establecerá el diagnóstico de displasia de cadera, si son negativas será necesario realizar otros exámenes para confirmar o desmentir la hipótesis. El examen radiográfico se lleva a cabo en un animal anestesiado porque la radiografía debe realizarse bajo coacción: los dos miembros traseros deben estar en extensión, esta posición es incómoda para el animal.

La radiografía también permitirá definir el estadio de displasia del animal, existen 5 estadios: desde el estadio A (animal sano) hasta el estadio E (displasia severa).

Tratamientos

La medicación para la displasia de cadera consiste principalmente en dar al perro un medicamento antiinflamatorio para controlar el dolor. Se pueden recetar otros fármacos para evitar que la artrosis empeore, como los condroprotectores.

El manejo quirúrgico puede adoptar diferentes formas, dependiendo de las particularidades del perro (edad, tamaño, gravedad, otras enfermedades, etc.) a operar. Si el animal es joven y no hay lesiones secundarias, se puede adoptar un enfoque preventivo:

  • Una sinfisiodesis pubiana juvenil: se trata de una operación que bloquea el crecimiento de una parte de la pelvis, idealmente a realizar entre 12 y 16 semanas y hasta un Máximo: de 5 meses.
  • Una triple osteotomía de la pelvis para recentrar la cabeza del fémur, esta operación se realiza entre 6 y 10 meses.

Si el animal ya tiene artrosis el enfoque será curativo:

  • Extirpación de la cabeza y el cuello del fémur: esta operación elimina el hueso que está causando el dolor, pero sólo puede hacerse en razas pequeñas y medianas.
  • Sustitución total de la cadera para reemplazar la cabeza y el cuello del fémur en un perro de crecimiento tardío que pesa más de 20 kg

La elección de la operación debe discutirse siempre con el veterinario tratante y el especialista para decidir la mejor solución para el perro

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