Derivación portosistémica congénita en perros

Afectando a una variedad de razas de perros, la derivación portosistémica congénita se trata quirúrgicamente con un pronóstico relativamente bueno. Sus manifestaciones son, en su mayoría, neurológicas.

La derivación portosistémica congénita es una malformación vascular que hace que la sangre que contiene toxinas fluya por el cuerpo.

¿Qué es la derivación portosistémica congénita en perros?

En los perros, la derivación es en realidad un vaso anormal entre la vena porta y la vena cava caudal. La vena porta es el vaso a través del cual la sangre pasa del intestino al hígado, donde se filtra para eliminar las toxinas. La vena cava caudal es el canal por el que la sangre purificada por el hígado pasa al corazón, que a su vez la envía a todo el cuerpo.

Así, el shunt porto-sistémico congénito del perro hace que la sangre no pase por el hígado y, por tanto, no se depure, por lo que se habla de insuficiencia hepática. Las toxinas se acumulan entonces en la sangre, dando lugar a una serie de síntomas.

En el cerebro, por ejemplo, la principal toxina que provoca trastornos es el amoníaco procedente de la digestión.

¿Qué razas son propensas a esta enfermedad?

Las razas de perros de diferentes tamaños están predispuestas a la derivación portosistémica congénita.

Estos van desde perros pequeños (Habanero, Maltés, Bichon Frise, Shih Tzu, Schnauzer Nain, Yorkshire Terrier…) hasta perros medianos y grandes: Pastor australiano, Border Collie, Labrador Retriever, Golden Retriever… En el caso de algunas razas, como el Yorkshire terrier, el Cairn terrier y el Irish Wolfhund, se cree que esta enfermedad es hereditaria.

Además, no hay predisposición para un sexo u otro.

¿Cómo se manifiesta la derivación portosistémica?

Los síntomas asociados a la presencia de una derivación portosistémica congénita pueden aparecer en diferentes etapas de la vida del perro. Pueden darse tanto en cachorros como en adultos de muchos años.

A menudo se puede notar bastante pronto después del nacimiento de una camada, ya que el cachorro afectado suele ser el más pequeño de los hermanos. El motivo es que la derivación portosistémica congénita impide la correcta absorción de nutrientes en el intestino y, por tanto, favorece el retraso del crecimiento.

Los síntomas digestivos como los vómitos, la diarrea, la anorexia y las hemorragias gastrointestinales son, por tanto, también comunes en relación con la mala absorción de nutrientes.

El perro que padece esta anomalía también puede tener tendencia a beber mucha agua y a tener una emisión anormal de orina: demasiado frecuente o, por el contrario, en pequeñas cantidades y con mucha dificultad. Se dice que el perro tiene poliuro-polidipsia.

El animal también presenta trastornos conductuales y motores: hiperactividad o, por el contrario, fases de letargo, temblores, convulsiones, marcha torpe… Esto puede llegar hasta el coma.

Diagnóstico y tratamiento

Un perro del que se sospecha que tiene una derivación portosistémica congénita se somete primero a análisis de sangre para investigar los marcadores de la función hepática. Estas pruebas son un primer paso para hacer el diagnóstico, pero también para cuantificar la gravedad del daño hepático. Además, su veterinario puede realizar un análisis de orina, ya que en la mayoría de los casos se presentan anomalías.

A continuación, se localizará el vaso anormal mediante ecografía, gammagrafía o TAC. La localización precisa también se realiza durante la propia cirugía.

La cirugía es realmente necesaria para tratar la derivación portosistémica congénita en perros. Consiste, en el caso de una derivación extrahepática (derivación antes de llegar al hígado), en la colocación de un anillo ameroide constrictor o un dispositivo retráctil alrededor del vaso.

Después de la operación, el veterinario prescribe antibióticos y lactulosa, que es un diurético. También puede ser necesario un cuidado sintomático, por ejemplo, si el perro tiene úlceras gastrointestinales relacionadas con su derivación portosistémica, o medicación anticonvulsiva si el daño neurológico era importante antes de la operación. También recomienda reajustar la dieta del perro reduciendo la ingesta de proteínas.

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