10 preguntas que hay que hacerse antes de adoptar un perro

Los perros están expuestos a diversos agentes patógenos y, por tanto, corren el riesgo de contraer una enfermedad infecciosa. He aquí las principales, sus mecanismos, los tratamientos (cuando existen) y los métodos de prevención.

Una enfermedad es infecciosa cuando está causada por la transmisión de un virus, parásito, bacteria, hongo, protozoo u otro microorganismo. Las enfermedades infecciosas son más o menos contagiosas. Algunas de ellas pueden transmitirse al ser humano por contacto directo o a través de diversos vectores (mosquitos, excrementos, etc.). Existen tratamientos para algunas de ellas, pero la prevención y la vacunación contra estas enfermedades sigue siendo la medida más eficaz y fiable.

Rabia

La rabia casi ha desaparecido en Francia gracias a la vacunación preventiva sistemática de todos los perros. Es una zoonosis de origen vírico, por lo que puede transmitirse a los humanos tras la mordedura de un perro infectado, un arañazo o un lametón (si la piel está dañada por una lesión).

Los síntomas aparecen en promedio 4 semanas después de la infección. Suelen incluir: fiebre, inflamación local, cambios en el comportamiento del perro, luego dilatación de las pupilas, cambios en la voz del animal, agresividad, convulsiones, salivación excesiva, insuficiencia respiratoria… Todos estos signos pueden llevar a un estado comatoso y luego a la muerte.

Por lo tanto, es importante vacunar a su perro contra la rabia, del mismo modo que para otras enfermedades que se vacunan sistemáticamente.

Moquillo

Viral y muy contagioso, el moquillo es más grave en los cachorros, donde los niveles de anticuerpos transmitidos por la madre disminuyen. El moquillo se transmite por el aire. El virus responsable del moquillo es de la misma familia que el virus del sarampión.

Se manifiesta por trastornos respiratorios (tos, secreción nasal), trastornos oculares (secreción de los ojos), trastornos digestivos (diarrea y vómitos), trastornos del comportamiento (abatimiento, pérdida de apetito) y trastornos dermatológicos (hiperqueratosis: engrosamiento de la piel de la nariz y las almohadillas). En algunos perros infectados pueden producirse convulsiones.

No hay tratamiento para el moquillo, pero la vacunación preventiva del animal y la desinfección del entorno pueden prevenirlo.

Tos de las perreras

La tos de las perreras, o traqueobronquitis infecciosa canina, ataca el sistema respiratorio del animal. Esta enfermedad altamente contagiosa se transmite a través del contacto estrecho entre perros en perreras y todo tipo de reuniones.

Los perros mayores y los cachorros son susceptibles de padecer tos de las perreras, que está causada por varios patógenos diferentes: Bordetella bronchiseptica (Bb), virus de la parainfluenza canina (CPi), Adenovirus 1 y 2 (CAV-1 y CAV-2). El perro enfermo emite una tos ronca y seca. Secreción nasal y ocular, estornudos y fiebre. También se produce fatiga y pérdida de apetito. El veterinario prescribirá entonces un tratamiento antibiótico asociado a un supresor de la tos.

Parvovirus canino

El parvovirus canino, un virus especialmente resistente, es la causa de la parvovirosis, una enfermedad común en los animales no vacunados. Se transmite a través de las heces de los perros y puede ser transmitida por los parvovirus CPV-2a y CPV-2b.

La parvovirosis puede provocar una forma grave de gastroenteritis: depresión, pérdida de apetito, vómitos y diarrea hemorrágica, con una deshidratación grave que puede provocar la muerte. Como no hay tratamiento, la prevención es la única forma de proteger a su perro de esta enfermedad. Debe ser vacunado desde su más tierna edad, y luego regularmente durante toda su vida.

Leptospirosis

Es una zoonosis grave (transmisible al ser humano), causada por Leptospira interrogans, una bacteria espiroqueta que se transmite a través de la orina de los perros infectados. Los síntomas de la enfermedad varían en cuanto a su gravedad, y van desde la caída hasta el dolor abdominal, pasando por el daño hepático o renal. Los casos más graves pueden provocar la muerte del animal.

La principal forma de tratamiento es un antibiótico específico, pero no siempre tiene éxito. En algunos casos muy graves, puede ser necesaria una transfusión de sangre. La prevención, a través de la vacunación periódica (renovada cada año) relativa a las 4 cepas de leptospiras prevalentes en Francia, permite proteger eficazmente al perro.

Piroplasmosis

La piroplasmosis, o babesiosis, es una enfermedad parasitaria. Transmitida por garrapatas, está causada por un protozoo (Babesia canis canis) que ataca los glóbulos rojos. La fatiga, la fiebre, la pérdida de apetito y la orina de color oscuro son algunos de los signos que pueden hacer sospechar de este tipo de infección, que suele ir acompañada de anemia y de un debilitamiento del sistema inmunitario del perro infectado.

El tratamiento consiste tanto en la anemia como en la eliminación del parásito. La vacuna preventiva contra la piroplasmosis se combina con la protección del animal contra las garrapatas. Estas últimas deben retirarse sistemáticamente, por ejemplo, con un removedor de garrapatas, y eliminarse con productos antiparasitarios externos (spray, pipeta, etc.).

Hepatitis de Rubarth

La hepatitis de Rubarth es una enfermedad vírica contagiosa y especialmente peligrosa, que puede matar a un perro en cuestión de horas. Ataca el hígado, los riñones, pero también los ojos y los pulmones. Al igual que la leptospirosis, se transmite de un animal a otro a través de la orina de los perros infectados.

Provoca pérdida de apetito, fiebre, decoloración de las mucosas, conjuntivitis, tos, vómitos y diarrea. También puede observarse una opacidad de la córnea. De nuevo, no hay tratamiento. Por lo tanto, la vacunación preventiva es la única forma de combatir este virus.

Leishmaniosis canina

La leishmaniosis es transmitida por el flebótomo, un mosquito presente en toda la cuenca mediterránea y portador del parásito Leishmania infantum, que inocula en el perro al picarle.

La enfermedad debilita considerablemente el sistema inmunitario del animal, y los síntomas pueden aparecer mucho tiempo después de la infección (a veces varios años). El perro puede perder peso y pelo, especialmente alrededor de los ojos, tener fiebre alta, sufrir anemia o problemas oculares.

Su tratamiento es difícil y sin garantía de eficacia. La prevención consiste esencialmente en proteger al perro contra los flebótomos durante su período de actividad (de mayo a septiembre), por ejemplo utilizando un collar antiparasitario.

Artículo anteriorSchapendoes
Artículo siguienteHipertiroidismo en gatos

Related Stories

Llegir més:

Laminitis en caballos

El tifus felino es una enfermedad vírica mucho más fácil de prevenir que...

La visión en los caballos

Difícilmente hay un perro más juguetón y alegre que un Bobtail japonés. Traerá...

Adoptar una rata

Tus gallinas ya no ponen cuando todo ha ido bien, y te preguntas...

Hipertiroidismo en gatos

Nuestros gatos viven ahora más tiempo gracias a la calidad de los cuidados...

Pastor Catalán

El pastor catalán es un perro pastor originario de España. Es de tamaño...

¿Cuánto cobra un cuidador de mascotas?

Cada vez hay más cuidadores de mascotas y la oferta es cada vez...